METODOS DE ESTUDIO DE LA BIBLIA

LES INVITO A VISITAR MI BLOG Y LEER EL ARTÍCULO “MÉTODOS DE ESTUDIO DE LA BIBLIA” Y LEER OTRAS DE MIS ENTRADAS

A CONSIDERAR: UNA VEZ QUE LO LEAN DEBERÁN DEJAR UN COMENTARIO O IMPRESIÓN SOBRE EL MISMO SIGUIENDO LAS INSTRUCCIONES DADAS EN LA PÁGINA. EL COMENTARIO SERÁ REQUISITO DE LA ASIGNATURA. AL FINAL DE CADA COMENTARIO DEBERÁN CONSIGNAR SU NOMBRE Y CLASE.

Pueden visitarme en: http://www.religion-filosofia.blogspot.com/2012/04/metodos-de-estudio-de-la-biblia-victor.html

 “En mi meditación se encendió fuego” (Salmo 39: 3).

Introducción

Muchas veces nos preguntamos después de un buen sermón cómo fue posible para el predicador encontrar tanta riqueza en el texto bíblico. Nos hace sentir “culpables” por no estudiar la Biblia de la misma manera y de no tener las mismas habilidades para descubrir por uno mismo las mismas enseñanzas. Por otro lado, también nos frustramos cuando algún predicador muestra falta de sentido y profundidad en su exposición, y experimentamos una “santa indignación” cuando alguno se atreve a predicar sin la debida preparación.
Considerando que la mayoría de los cristianos quieren estudiar la Biblia y exponerla de una manera adecuada, pero sin saber cómo, y que otros no lo hacen porque no se sienten motivados, se expone este artículo a fin de presentar algunos métodos sencillos para el estudio de las Sagradas Escrituras e incentivarnos a rescatar de ella el máximo de tesoros, y estar preparados para exponerla adecuadamente en un sermón o en una clase bíblica. “El buen predicador no sólo debe saber estudiar él mismo la Biblia sino hacer que otros la estudien”.[1]

Métodos de estudio de la Biblia

“Fueron halladas tus palabras y yo las comí –dijo el profeta-; y tu palabra me fue por gozo y por alegría de mi corazón” (Jeremías 15: 16). “¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras!” –exclamó el poeta- (Salmos 119: 103). Según Howard Hendricks, destacado educador y conferencista, entre las actitudes hacia el estudio bíblico se encuentra la etapa “fresas con crema”, es decir, se estudian y transmiten las verdades de la Biblia con gozo.[2] Ahora bien, para que el estudio de las Sagradas Escrituras sea realmente un deleite es necesario ser metódicos, tener un continuo espíritu de oración y de investigación y considerar que toda verdad bíblica gira en torno a la persona y la obra de Jesús y la perspectiva del gran conflicto.[3] De igual manera se debe reconocer que la Biblia es su propio intérprete. “Escudriñad las Escrituras –exhortó el Salvador-, ellas son las que dan testimonio de mí” (Juan 5: 39; cf. Lucas 24: 27). Esta metodología se conoce en general como método histórico-gramatical o método histórico-bíblico.[4]
Los principales métodos de estudio de la Biblia que nos pueden conducir a obtener material espiritual de alta pureza para sermones o clases bíblicas contundentes se pueden resumir como sigue:

 Método devocional

“Bienaventurados los que leen” (Apocalipsis 1: 3). Jamás deberían estudiarse las Sagradas Escrituras sin oración. El estudio de la Biblia y la oración son prácticas inseparables. Todo estudioso de las Escrituras debería iniciar su actividad con una plegaria solicitando la guía y la iluminación del Espíritu de Dios, pues sólo quienes siguen la luz ya recibida pueden esperar recibir la iluminación adicional del Espíritu Santo (Juan 16: 13, 14; 1 Corintios 2: 10-14).[5]
En este método se selecciona una breve porción de la Biblia y con oración se medita en ella hasta que el Espíritu manifieste cómo pueda aplicarse la verdad descubierta en la propia vida. La oración será vital en éste y en todos los métodos mencionados más adelante. A fin de no ser subjetivos en nuestra aplicación recordemos que la correcta aplicación de las Escrituras en la vida personal depende de la interpretación adecuada del texto bíblico. Mucha subjetividad puede resultar peligrosa. “Aquel a quien fuese mi palabra, cuente mi palabra verdadera” (Jeremías 23: 28; cf. 2 Pedro 1: 20, 21). “Sin la dirección del Espíritu Santo, estaremos continuamente expuestos a torcer las Sagradas Escrituras o a interpretarlas mal… Cuando el Libro de Dios se abre sin oración y reverencia… el enemigo se posesiona de los pensamientos y sugiere interpretaciones incorrectas”.[6]
Se debe memorizar un versículo clave del estudio. “Aunque la memorización de la Escritura parece haber pasado de moda, en muchos círculos permanece como parte importante del estudio bíblico”[7]. “Cada día, varias veces, se deberían consagrar unos momentos dorados y preciosos a la oración y al estudio de las Escrituras, aunque sólo fuese para memorizar un texto, para que en el alma haya vida espiritual”[8].
Finalmente se debe expresar por escrito una aplicación personal. La meta final de todo estudio bíblico es su aplicación. El estudio personal de la Palabra de Dios no es de valor hasta que aplicamos las verdades descubiertas en nuestras propias vidas y circunstancias. Mediante la aplicación los rayos de luz de la Palabra de Dios son proyectados sobre el creyente a fin de que responda favorablemente al mensaje, fortaleciendo la salud espiritual y favoreciendo el crecimiento y madurez cristiana. Debería emplearse el tiempo suficiente para saturarse del significado del texto y responder personalmente a la Palabra de Dios. Una aplicación apropiada muestra la relevancia de las enseñanzas espirituales de las Escrituras en la vida diaria de las personas y de la iglesia. De igual forma, la lectura devocional diaria y personal proporcionará al predicador temas para sus sermones y clases bíblicas y le hará descubrir fuentes de riqueza espiritual en lugares insospechados.[9]
Las Escrituras tienen su cabeza en el cielo y sus pies sobre la tierra. Es tarea del estudiante, del predicador o del instructor bíblico unir ambos mundos a través de un estudio minucioso. “Debemos tomar un versículo y concentrar el intelecto en la tarea de discernir el pensamiento que Dios puso en ese versículo para nosotros”.[10] Además “debemos procurar mirar con los ojos de quienes vivieron hace siglos y oír con sus oídos cuando se les dirigía el mensaje bíblico”.[11]

Método de cualidades del carácter

“Un carácter formado a la semejanza divina es el único tesoro que podemos llevar de este mundo al venidero”.[12] Una meta del cristiano es desarrollar un carácter como el de Cristo y este método nos ayudará a reconocer qué rasgos deben ser fortalecidos o evitados. Se debe seleccionar una cualidad del carácter que se quiera adquirir o dejar de lado en la experiencia personal y se investiga qué dice la Biblia al respecto. Se escogen las referencias bíblicas más importantes. Podemos echar mano de una buena concordancia o de algún buen diccionario bíblico. Al igual que en el método anterior se memoriza un texto clave del estudio y se expresa por escrito una aplicación personal.

Método histórico-biográfico

La Biblia es un libro histórico. Narra la vida y la historia de diversos personajes relacionados con eventos y circunstancias de importancia. “Las vidas relatadas en la Biblia son biografías auténticas de personas que vivieron en realidad. Desde Adán hasta el tiempo de los apóstoles, a través de sucesivas generaciones, se nos presenta un relato claro y escueto de lo que sucedió en realidad y de lo que experimentaron personajes reales”.[13] Si se quiere entender la Biblia se deben entender las historias que enseña desde el punto de vista del contexto histórico y cultural en que se desarrollaron. Este método nos permitirá descubrir qué fue lo que hizo que un individuo tuviera éxito o fracaso en la vida y cómo las acciones desarrolladas en torno a él o ella influenciaron en sus decisiones y desenlaces.
Se investigan todos los versículos que se relacionen con un personaje de interés en las Escrituras, considerando aspectos físicos y psicológicos de su vida, obra, familia, carácter, actitudes, fortalezas, debilidades, etc. Se puede estudiar su relación con otros personajes bíblicos y cómo es mencionado a los largo de las Escrituras, de igual manera que el contexto histórico y socio-cultural. Memorizar un texto clave. Expresar por escrito una aplicación personal ayudará a desear imitar sus virtudes y evitar sus defectos y resultará en madurez espiritual al conocer la actitud de Dios hacia el personaje en estudio.

Método temático

“En su vasta esfera de estilo y temas, la Biblia tiene algo para interesar a cada mente y atraer cada corazón… En las verdades más sencillamente enunciadas se encierran principios tan altos como el cielo y que abarcan la eternidad”.[14] Se elige un tema o tópico bíblico o algún sub-tema de interés presente en las Escrituras (Por ejemplo: Tema o tópico: La oración; Sub-tema: La oración de Jesús, La oración intercesora). El tema se puede obtener de un libro, del Antiguo o del Nuevo Testamento o de toda la Biblia. Pensar en algunas preguntas (de tres a cinco está bien) respecto al tema elegido de las que se quisiera tener respuestas. Se estudian en forma sistemática, minuciosa y precisa todas las referencias al tema que puedan encontrarse en las Escrituras. Una Biblia de estudio con referencias o índice temático y una buena concordancia serían muy útiles. Se pueden usar palabras sinónimas del tema elegido.
Este método es útil para estudiar alguna doctrina, enseñanza o profecía de la Biblia y es uno de los más fáciles de convertir en un sermón o clase bíblica. Este tipo de sermón se conoce como sermón temático, evangelizador o doctrinal. Esta ventaja ayuda al estudiante o maestro bíblico y al predicador a entender que la base y la autoridad de sus ideas y de su sermón o clase bíblica son las verdades de la Escritura. A fin de cuentas, el estudioso de la Biblia debe ser “retenedor de la palabra fiel tal como ha sido enseñada, para que también pueda exhortar con sana enseñanza y convencer a los que contradicen” (Tito 1: 9).
Primero se estudian los textos por separado y luego como conjunto. Se reúnen y comparan todos los versículos relacionados con el tópico seleccionado y se escogen aquellos que respondan las preguntas elaboradas. Se organizan las conclusiones en un bosquejo ordenado lógicamente que permita compartir el estudio con otras personas en un sermón o una clase bíblica. Se memoriza un versículo clave y se expresa por escrito una aplicación personal.

Método de estudio de palabras, de términos o terminológico

Las palabras en las Escrituras son importantes (cf. Mateo 5: 18). “Si bien los escritores de la Biblia emplearon sus propias palabras al escribir las Escrituras, fueron guiados divinamente en la elección de esas palabras”[15] (cf. Jeremías 1: 5). Con el fin de comprender apropiadamente los profundos significados de muchos pasajes de las Escrituras debemos hacer un cuidadoso análisis de las palabras que se hayan usado. El propósito último de este tipo de estudio es entender con precisión lo que el autor quería comunicar con el uso de cierta palabra en un determinado contexto. Para que la Escritura se comunique con nosotros, necesitamos observar el texto en tres niveles: entender adecuadamente las palabras usadas, luego entender el co-texto (oraciones, párrafos y capítulos que rodean al texto) y finalmente, el contexto (histórico, social, cultural).[16]
Se selecciona alguna palabra importante de las Sagradas Escrituras y se investiga su definición o significado y cuántas veces y de qué manera es usada en diferentes contextos en la Biblia. “El significado etimológico de las palabras requiere una cuidadosa consideración; y el estudio de los idiomas bíblicos es de una utilidad incalculable”.[17] Se indaga su significado en el idioma original (hebreo y/o arameo, en el Antiguo Testamento, o griego, en el Nuevo) y cómo se aplica en los versículos los que se menciona o qué quiso decir el escritor bíblico con la palabra que usó. Son de utilidad varias versiones de la Biblia, un buen diccionario bíblico o una buena concordancia. Se memoriza un texto clave y se expresa por escrito una aplicación personal.

Método de estudio y análisis de un pasaje o un capítulo

No debemos olvidar que las cosas que quedaron registradas en las Sagradas Escrituras tienen como propósito nuestra enseñanza, amonestación y corrección (Romanos 15: 4; 1 Corintios 10: 11; 2 Timoteo 3: 15-17). Con este propósito en mente se debería abordar el estudio de pasajes, capítulos o libros enteros.
“En el estudio diario, el método que consiste en examinar un versículo tras otro es a menudo utilísimo.  Tome el estudiante un versículo, concentre la mente para descubrir el pensamiento que Dios encerró para él allí, y luego medite en él hasta hacerlo suyo.  Un pasaje estudiado en esa forma, hasta comprender su significado, es de más valor que la lectura de muchos capítulos sin propósito definido y sin que se obtenga verdadera instrucción” (La Educación, p.).
En esta modalidad de estudio se escoge un pasaje o un capítulo de las Escrituras que sea de interés personal. Familiarizarse con él leyéndolo por lo menos cinco veces, ojalá en versiones diferentes, será de mucho provecho. En este sentido, se debe escoger una versión de la Biblia que sea fiel al significado contenido en los idiomas originales. Se puede profundizar el estudio del pasaje desglosándolo versículo por versículo, incluso palabra por palabra, hasta dominar cada detalle de su contenido y su tema principal. “El descubrimiento del tema de un pasaje es una de las primeras tareas”.[18] A fin de hallar el principal tema del pasaje, es necesario estudiar el texto con diligencia. “Recuérdese siempre que el texto es sólo un pequeña parte del todo y el autor bíblico nunca tuvo la intención de que el texto se considerara de manera independiente del resto de lo que dijo”.[19]
Se deben plantear preguntas al texto respecto de su contenido y escribir un resumen de la idea central que se halla encontrado (cf. Hechos 8: 32-35). También se pueden descubrir referencias cruzadas, comparar con otros pasajes o capítulos bíblicos e incluso parafrasear el texto (expresarlo con palabras propias) o ponerle un título propio. El estudio de la gramática, la construcción de frases, palabras claves, los párrafos precedentes y siguientes, y el enlace de la idea del pasaje con la del resto del libro, será de gran utilidad. De igual manera, se debe determinar el género literario que usa el autor: narrativa, poesía, parábola, alegoría, proverbio, salmo o profecía. A pesar de ello no se debe olvidar que la Biblia es un libro primariamente literal.[20] Finalmente, se memoriza un versículo clave y se expresa por escrito una aplicación personal.

Método de estudio y análisis de un libro

Aunque el conocimiento del libro completo debe preceder al trabajo en cualquiera de sus partes, hay porciones de la Biblia que no pueden ser entendidas de una manera apropiada sin hacer referencia a su marco histórico y cultural y al explicar las Escrituras, sección tras sección, la congregación recibe la capacidad de comprender el significado y propósito que el texto quiere comunicar.
Considerando el propósito mencionado en el método anterior, se selecciona un libro bíblico de interés y se lee varias veces, de preferencia en versiones distintas, hasta tener un panorama general y más amplio del mismo, descubriendo y dominando su contenido y su tema o mensaje principal. Se investiga por quién y en qué época fue escrito; se estudia lo relacionado con la historia, la geografía, la cultura, el arte, el ambiente político, etc., del período en que ese libro fue escrito. La arqueología, la antropología y la historia pueden contribuir a comprender el significado de un texto. Se pueden utilizar diccionarios, comentarios y/o concordancias para aumentar la comprensión sobre el libro elegido.
Se puede tomar notas del contenido narrativo, doctrinal y/o teológico del libro y escribir un resumen de los contenidos y temas expuestos. Realizar un bosquejo del libro –introducción, tema, subtemas, conclusiones- puede ser de utilidad. Este método resulta mejor después de haber estudiado y analizado cada capítulo. Para finalizar, memorizar un texto clave y expresar por escrito una aplicación personal.

Conclusión

“El estudio de las Sagradas Escrituras es el medio divinamente instituido para poner a los hombres en comunión más estrecha con su Creador y para darles a conocer más claramente su voluntad”[21]. En estos últimos días de la historia de este mundo Dios tendrá un pueblo que sostendrá sólo la Biblia como fundamento de todas sus doctrinas y reformas. Por tanto, concluimos junto con Pablo: “Procura con diligencia presentarte ante Dios aprobado, como obrero (estudiante, maestro o predicador) que no tiene de qué avergonzarse, que usa (estudia, expone y predica) bien la palabra de verdad” (2 Timoteo 2: 15; énfasis añadido).

[1] Samuel Vila, Manual de Homilética (Editorial Clie, Terrassa, Barcelona, 1990), p. 155.
[2] Las otras etapas son: Etapa “aceite de ricino”: Se estudia la Biblia porque es bueno hacerlo, pero no produce mucho gozo. Etapa “cereal”: Se estudia la Biblia porque es “nutritivo” para la vida espiritual, pero resulta algo seco y de poco interés. Citado por Rick Warren en Métodos de estudio bíblico personal (Editorial Vida, Miami, Florida, 2005), p. 10.
[3] El estudio de la Biblia: Premisas, principios y métodos, documento presentado por la Comisión de Métodos para el Estudio de la Biblia y aprobado por la Asociación General de la Iglesia Adventista del Séptimo Día en el Concilio Anual celebrado en Río de Janeiro, Brasil, el 12 de octubre de 1986. Citado por el Departamento de Comunicaciones de la DSA en Declaraciones, orientaciones y otros documentos, (2ª ed., Asociación Casa Editora Sudamericana, Buenos Aires, 2005), pp. 232-240. Véase también: Samuel Koranteng-Pipim, Recibiendo la Palabra. ¿Cómo afectan a nuestra fe los nuevos enfoques bíblicos? (Asociación Casa Editora Sudamericana, Buenos Aires, 1997), pp. 401-409; George W. Reid (ed.), Entender las Sagradas Escrituras (Asociación Casa Editora Sudamericana, Buenos Aires, 2010), pp. 403-413.
[4] Ekkehardt Müller, Pautas para la interpretación de las Escrituras, en Reid, op. cit., pp. 137-140; cf. Koranteng-Pipim, op. cit., pp. 298-312.
[5] Elena G. de White, Testimonios para los ministros, p. 105; El Camino a Cristo, p. 91; cf. Declaraciones, p. 234; Müller, op. cit., pp. 140-141.
[6] Elena G. de White, El Camino a Cristo, p. 113. Se ha propuesto una solución al asunto de la subjetividad: la deducción de principios. Esta solución establece el descubrimiento de los principios espirituales, morales o teológicos presentes en el texto y que tengan pertinencia para los creyentes de hoy y de las razones originales que llevaron a incluir tal texto en las Escrituras (Henry A. Virkler, Hermenéutica. Principios y procedimientos de interpretación bíblica, p. 180). Véase: James Braga, Cómo preparar mensajes bíblicos (Editorial Portavoz, Grand Rapids, Michigan, 1986), p. 265; Leo van Dolson, Cómo sacar el mayor provecho del estudio de la Biblia (Asociación Ministerial de la Asociación General de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, Hagerstown, Maryland, 1996), p. 65.
[7] Chantal J. Klingbeil, Mirando más allá de las palabras – Pragmática lingüística y su aplicación a los estudios bíblicos, p. 134. En Merling Alomia (ed.), Entender la Palabra: Hermenéutica Adventista para el Nuevo Siglo (Editorial UAB, Cochabamba, Bolivia, 2000), pp. 123-135.
[8] Elena G. de White, Testimonios para la Iglesia, t. 4, p. 450.
[9] Véase: Warren, op. cit., pp. 29, 38; Braga, op. cit., p. 249; Müller, op. cit., pp. 157-163; Koranteng-Pipim, op. cit., 308, 309; Gordon D. Fee, Exégesis del Nuevo Testamento. Manual para estudiantes y pastores (Editorial Vida, Deersfield, Florida, 1992), pp. 42, 43.
[10] Elena G. de White, El Deseado de todas las gentes, p. 355; cf. Oscar Hernández, Con la Biblia en mis manos (Asociación Publicadora Interamericana, Miami, Florida, 2000), pp. 66-73.
[11] Müller, op. cit., p. 139.
[12] Elena G. de White, Palabras de vida del Gran Maestro, p. 268.
[13] Elena G. de White, Joyas de los Testimonios, tomo 1, p. 436.
[14] Elena G. de White, La Educación, p. 121.
[15] Koranteng-Pipim, op. cit., p. 301.
[16] Klingbeil, op. cit., p. 131; cf. Fee, op. cit., pp. 75-77; Müller, op. cit., p. 144-148.
[17] Hernández, op. cit., p. 51; cf. Declaraciones, pp. 234-236; Müller, op. cit., 154-156.
[18] Braga, op. cit., p. 73; Koranteng-Pipim, op. cit., p. 299, 300.
[19] Fee, op. cit., p. 109.
[20] Hernández, op. cit., p. 52; cf. Declaraciones, pp. 236-238.

[21] Elena G. de White, El Conflicto de los Siglos, pp. 76.

+info: http://www.religion-filosofia.blogspot.com/2012/04/metodos-de-estudio-de-la-biblia-victor.html

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s